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sábado, 11 de mayo de 2013

El CO2 en la atmósfera alcanza su máximo histórico

Hace tres millones de años que no se producían niveles tan altos de gas de efecto invernadero

El volcán Mauna Loa (Hawai) donde se toman las muestras en una imagen de la NASA. / AFP
 
El nivel de dióxido de carbono, el gas que más contribuye al calentamiento global, ha superado una temida barrera simbólica, según informaron ayer los especialistas, y ha alcanzado niveles nunca vistos en la Tierra en millones de años. Los monitores científicos han declarado que el gas ha llegado a una media diaria que supera las 400 partes por millón (ppm). Se trata solo de un momento aislado en el cuentakilómetros, pero también de un recordatorio serio de que los esfuerzos para controlar las emisiones provocadas por la actividad humana han fallado.
La mejor prueba que existe apunta a que la cantidad de gas en el aire no había sido tan alta desde hace, al menos, tres millones de años, es decir, antes de que los humanos evolucionaran, y los científicos creen que el aumento augura cambios muy importantes en el clima y el nivel del mar.
“Simboliza que hasta ahora hemos fracasado en detectar este problema”, declaró Pieter P. Tans, que dirige el programa de control de las emisiones del National Oceanic and Atmospheric Administration, autor de los datos.
Ralph Keeling, que dirige otro de los programas sobre emisiones de CO2 en el Scripps Institution of Oceanography de San Diego, ha dicho que un aumento continuado podría ser catastrófico. “Significa que estamos perdiendo rápidamente la posibilidad de mantener el clima por debajo del umbral que se creía tolerable”, añadió. Los nuevos datos provienen de los sensores situados en la cima del Mauna Loa, el volcán de la isla más grande de Hawai, que ha sido durante años el punto de referencia en el estudio de la evolución de estas emisiones.
Los dispositivos de Hawai llevan medio siglo tomando muestras de aire limpio y fresco que ha circulado en el océano Pacífico a miles de kilómetros de la costa y las grandes ciudades. La primera vez que se detectaron más de 400 partes por millón de dióxido de carbono fue en el Ártico el año pasado y también superó el nivel en lecturas cada hora en Mauna Loa, pero la lectura media todavía no había superado este nivel a lo largo de un día entero.
El dióxido de carbono aumenta y desciende en ciclos temporales y su nivel volverá a situarse por debajo de las 400 ppa en el verano ya que el crecimiento de las plantas en el hemisferio norte lanza 10.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera entonces. Los expertos alertan, sin embargo, de que la recuperación será breve y de que cada vez está más cerca el momento en que el que en ningún punto de la Tierra se registren menos de 400 ppa en cualquier estación del año.
© The New York Times News Service 2013

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tras el impacto de un asteroide, un incendio acabó con los dinosaurios



En el trabajo, publicado en 'Journal of Geophysical Research', los expertos han explicado que la ciencia ha permitido comprobar la caída de un asteroide en el planeta pero no se habían precisado los acontecimientos ocurridos en dicha catástrofe.

Los investigadores han detallado que, el material expulsado por el impacto se habría calentado drásticamente en su reentrada en la atmósfera de la Tierra y la radiación de infrarrojos resultante de la atmósfera superior habría encendido incendios en todo el planeta y aniquilado a los seres vivos, excepto animales y plantas subterráneos o acuáticos.

Douglas S. Robertson, ha demostrado esta hipótesis rebatiendo algunas de las teorías que cuestionan la hipótesis del fuego global. Así, existen científicos que niegan un fuego planetario basándose en varias evidencias, como la falta de carbón en los sedimentos datados en el fin del Cretácico y principios del Paleógeno (K-Pg).

Según el nuevo trabajo,cuando los datos de carbón se corrigen para los cambios conocidos en las tasas de sedimentación, exhiben un exceso de carbón, no una deficiencia.

En la investigación, los autores también examinan otras pruebas a favor y en contra de la hipótesis de la tormenta de fuego y la conclusión es que todos los datos se ajustan a la explicación de los incendios generalizados.

via  Red Conciencia Argentina

martes, 19 de febrero de 2013

El meteorito de los Urales medía 17 metros y pesaba hasta 10.000 toneladas

Explotó como 30 Hiroshimas a 20 km. de altura
Un meteorito provoca cientos de heridos en Rusia
 MADRID, 19 Feb. (EUROPA PRESS) -
   La información recopilada sobre el meteorito que el pasado 15 de febrero explotó en la atmósfera en la vertical de los Montes Urales, y que dejó un millar de heridos por la onda expansiva, permite a la ESA considerarlo ya el de mayor nivel registrado en más de un siglo.
   Registros de vídeo indican una trayectoria noreste a suroeste con un ángulo pequeño de 30 grados sobre la horizontal. La velocidad de entrada se estima en alrededor de 18 kilómetros por segundo, es decir, más de 64.000 kilómetros por hora.
   Según los cálculos de Peter Brown de la Universidad de Western Ontario, Canadá, a partir de las ondas sonoras extremadamente baja frecuencia detectadas por una red global, se ha estimado que el objeto medía unos 17 metros de ancho, con una masa de 7.000 a 10.000 toneladas cuando chocó con la atmósfera.
   Explotó con una fuerza de cerca de 500 kilotones de TNT - unas 30 veces la energía liberada por la bomba atómica de Hiroshima - a alrededor de 15 o 20 kilómetros por encima del suelo.
   Con el nivel actual de comprensión de los objetos cercanos a la Tierra, se espera que eventos de esta magnitud puedan producirse una vez en periodos que abarcan varias de decenas de años a 100 años.
   La trayectoria, ubicación de la entrada en la atmósfera y el tiempo de separación entre los dos sucesos indican que el objeto de Rusia no estaba relacionado con el asteroide 2012 DA14.
   Muchos medios de comunicación informaron de que una explosión en el aire causó la rotura de ventanas y algunos daños estructurales en el centro de la ciudad de Chelaybinsk. Normalmente, los daños comienza a ocurrir cuando la presión atmósférica aumenta cinco veces sobre la normal a nivel del mar. Un daño generalizado en ventanas puede producirse cuando se alcanza entre 10 y 20 veces ese valor.
   A medida que la bola de fuego y explosión progresó a lo largo de una trayectoria poco profunda, la onda de choque cilíndrica se habría propagado directamente al suelo y habría sido intensa.
   La parte terminal de la explosión probablemente ocurrió casi directamente sobre Chelyabinsk. Este fue quizás el factor más grande para el daño producido por la explosión.

miércoles, 13 de febrero de 2013

El Ártico lleva seis veranos con la menor extensión de hielo en 30 años

Confirmado por Cryosat
Un equipo internacional de científicos ha descubierto, utilizando las mediciones del satélite Cryosat de la Agencia Espacial Europea (ESA), que la superficie de hielo registrado en el Ártico de los últimos seis veranos ha sido la menor en 30 años. En este sentido, los expertos han indicado que el nivel más bajo se alcanzó el pasado mes de septiembre cuando se registró una superficie de 3.610.000 kilómetros cuadrados.
   Un equipo de científicos dirigido por el University College de Londres ha generado estimaciones, tanto de la cobertura como del volumen del hielo marino, a los largo de los últimos años y ha señalado que el hielo que cubre el Ártico ha disminuido en todas las estaciones del año.
   Concretamente, Cryosat ha determinado que el volumen de hielo ha caído un 36 por ciento en otoño y un 9 por ciento en invierno, entre 2003 y 2012.  Ante estas cifras, el equipo de científicos ha investigado estas pérdidas durante los inviernos de 2010-11 y 2011-12. Este estudio ha confirmado, por primera vez, que la disminución de la cobertura de hielo marino en la región polar se ha visto acompañada por una disminución sustancial en el volumen de hielo.
   "Los datos revelan que el espesor del hielo marino ha desaparecido de una región al norte de Groenlandia, el archipiélago de Canadá y el noreste de Svalbard", ha explicado la autora del trabajo, publicado en 'Geophysical Research Letters', Katherine Giles.
   El responsable de la misión Cryosat, Tommaso Parrinello, ha indicado que "otros satélites ya han mostrado caídas en el área cubierta por hielo marino del Ártico como el clima se ha calentado, pero CryoSat permite a los científicos estimar el volumen de hielo del mar, un indicador mucho más preciso de los cambios que están ocurriendo en el Ártico".
   Para obtener estos datos, el radar de alta resolución de CryoSat envía pulsos de energía de microondas hacia el hielo. La energía rebota tanto en las secciones superiores de hielo como en el agua existente entre las grietas y la diferencia de nivel entre las dos superficies permite a los científicos calcular la altura de hielo sobre el agua y, como resultado, el volumen de la cubierta de hielo.
   Aunque los investigadores dicen que dos años de datos de CryoSat no son indicativos de un cambio a largo plazo, los investigadores han especulado que el espesor del hielo y el volumen más bajo en el invierno de 2012, en comparación con el invierno de 2011, puede haber contribuido al récord de mínimos durante el otoño de 2012.

domingo, 3 de febrero de 2013

viernes, 1 de febrero de 2013

El agujero de ozono sí influye en el cambio climático

Altera la circulación oceánica

Capa de ozono
Foto: WIKIMEDIA COMMONS
MADRID, 1 Feb. (EUROPA PRESS) -
   El agujero en la capa de ozono sobre la Antártida ha provocado cambios en la forma en que las aguas de la circulación de los océanos del sur, una situación que tiene el potencial de alterar la cantidad de CO2 en la atmósfera y eventualmente podría tener un impacto sobre el cambio climático global, según la investigación del científico de la tierra Darryn W. Wagugh y su equipo, de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos).
   En un artículo publicado en la revista 'Science', los investigadores demuestran que las aguas subtropicales intermedias en los océanos del sur se han convertido en "más jóvenes" y las aguas circumpolares se han vuelto "más viejas", unos cambios que son consistentes con el hecho de que los vientos superficiales se han fortalecido conforme la capa de ozono ha adelgazado.
   "Esto puede sonar totalmente académico, pero créeme, no lo es --dijo Waugh, de la Morton K. Blaustein Departamento de Ciencias Terrestres y Planetarias de Krieger Johns Hopkins School of Arts and Sciences--. Esto es importante porque los océanos del sur tienen un papel relevante en la absorción de calor y dióxido de carbono, por lo que los cambios en la circulación oceánica del sur tienen el potencial de cambiar el clima global".
   El equipo utilizó mediciones realizadas desde la década de 1990 a mediados y finales de la década de 2000 sobre la cantidad de un compuesto químico conocido como clorofluorocarbono-12 o CFC-12 en los océanos del sur. CFC-12 fue producido comercialmente por primera vez en la década de 1930, se utilizaba sobre todo en aerosoles para el cabello, refrigerantes y sistemas de aire acondicionado, por lo que su concentración en la atmósfera aumentó rápidamente hasta 1990, cuando fue eliminado por el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono,
   A partir de esas mediciones oceánicas, el equipo de Waugh fue capaz de inferir cambios en la rapidez con que las aguas superficiales se han mezclado en las profundidades de los océanos del sur. Al saber que las concentraciones de CFC en la superficie del océano aumentaron en tándem con las de la atmósfera, fueron capaces de suponer que cuanto mayor es la concentración de CFC-12 en lo más profundo en el océano, más recientemente esas aguas están en la superficie.
   Los cambios de la edad inferidas, jóvenes en el subtrópico y viejas más cerca del Polo Sur, son consistentes con la intensificación de los vientos de superficie observada en el oeste, que se han producido sobre todo por el agujero de ozono sobre la Antártida, lo que sugiere que el agotamiento del ozono estratosférico es el principal causa de los cambios en la ventilación oceánica.

OTRA INVESTIGACIÓN SIMILAR

   En esta línea, la revista 'Science' publica otro artículo sobre una investigación de la Universidad de Penn State, en Pensilvania (Estados Unidos) con conclusiones similares: el agotamiento de la capa ozono sobre la Antártida es un factor más importante que el aumento de los gases de efecto invernadero en el cambio de la corriente de chorro del Hemisferio Sur en dirección hacia el sur.
   Sukyoung Lee y su colega Steven Feldstein, ambos profesores de Meteorología, desarrollaron un nuevo método que utiliza un análisis de conglomerados para investigar los efectos del ozono y gases de efecto invernadero en cuatro patrones diferentes de vientos observados.
   El primer patrón de vientos correspondió a un cambio de los vientos del oeste de latitudes medias hacia el ecuador; el segundo patrón también describe un desplazamiento hacia el ecuador, pero incluía un componente tropical fuerte; el tercer patrón corresponde a un movimiento hacia los polos de los vientos del oeste hacia el Polo Sur con un debilitamiento de la fuerza máxima del chorro, y el cuarto correspondió a un cambio más pequeño del chorro hacia los polos con un componente tropical fuerte.
   Así, detectaron que el primero se asoció con los gases de efecto invernadero y el tercero se relacionó con el ozono, mientras los otros dos patrones de viento no tenían relación con ningún forzamiento: ni capa de ozono ni gases de efecto invernadero. "El ozono tuvo el mayor impacto en el cambio de la posición de la corriente en chorro", aseguró Lee.
   Además de encontrar que el ozono es más importante que los gases de efecto invernadero para influir en el cambio de la corriente de chorro, los científicos también encontraron evidencia de un mecanismo por el cual los gases de efecto invernadero tienen relación en el cambio de la corriente de chorro: los gases de efecto invernadero no puede influir directamente en el cambio de la corriente de chorro, sino más bien indirectamente en la modificación de la convección tropical o la transferencia vertical de calor en sistemas de nubes a gran escala, que, a su vez, influye en el cambio de chorro.

martes, 29 de enero de 2013

Las bacterias podrían moverse en la atmósfera a largas distancias

Microorganismos en la troposfera

  Atmósfera
Foto: NASA
MADRID, 29 Ene. (EUROPA PRESS) -
   Investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia, en Atlanta (Estados Unidos), han utilizado técnicas de genómica para documentar la presencia de un número importante de microorganismos, principalmente bacterias, que viven en la troposfera media y alta, una parte de la atmósfera de aproximadamente cuatro a seis kilómetros por encima de la superficie de la Tierra.
   El hallazgo es de interés para los científicos de la atmósfera debido a que los microorganismos podrían desempeñar un papel en la formación de hielo que puede impactar en el tiempo y el clima, según la investigación publicada en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. El transporte a larga distancia de las bacterias también es interesante para los modelos de transmisión de enfermedades.
   Los microorganismos fueron documentados en muestras de aire tomadas como parte del programa de Génesis y Rápidos Procesos de Intensificación (GRIP) de la NASA para estudiar las masas de aire de baja y alta altitud asociadas con las tormentas tropicales. El muestreo se realizó desde un avión DC-8 sobre la tierra y el océano, incluido el Mar Caribe y partes del Océano Atlántico, y se realizó antes, durante y después de dos grandes huracanes tropicales, Earl y Karl, en 2010.
   "No esperábamos encontrar tantos microorganismos en la troposfera, que se considera un entorno difícil para la vida", dijo Kostas Konstantinidis, profesor asistente en la Escuela de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto de Tecnología de Georgia. Así, resaltó que parece que hay "una gran diversidad de especies, pero no todas las bacterias lo hacen en la troposfera superior."
   A bordo de la aeronave, un sistema de filtro diseñado por el equipo de investigación recogió partículas, incluyendo microorganismos, del aire exterior.
Los filtros fueron analizados mediante técnicas de genómica incluyendo la reacción en cadena de polimerasa (PCR) y la secuenciación de genes, lo que permitió a los investigadores a detectar los microorganismos y estimar sus cantidades convencionales sin necesidad de utilizar técnicas de cultivo celular.
   Cuando las masas de aire estudiadas se originaron en el océano, el muestreo encontró bacterias en su mayoría marinas. Las masas de aire que se originaron por la tierra en su mayoría tenían bacterias terrestres y los científicos también vieron fuertes evidencias de que los huracanes tuvieron un impacto significativo en la distribución y dinámica de poblaciones de microorganismos.
   El estudio demostró que las células bacterianas viables representaban, en promedio, alrededor del 20 por ciento de las partículas totales detectadas en el intervalo de tamaño de 0,25 a 1 micrómetros de diámetro. Por lo menos en orden de magnitud, las bacterias superaban en número a los hongos en las muestras, y se detectaron 17 taxones diferentes de bacterias, incluyendo algunas que son capaces de metabolizar los compuestos de carbono ubicuos en la atmósfera, como ácido oxálico.
   Los microorganismos podrían tener un impacto previamente no identificado en la formación de nubes completando (o reemplazando) las partículas abióticas que normalmente sirven como núcleos para la formación de cristales de hielo, dijo Athanasios Nenes, profesor en la Escuela Técnica de la Tierra y Ciencias de la Atmósfera de Georgia y la Escuela de Ingeniería Química y Biomolecular.
   "Ante la ausencia de polvo u otros materiales que puedan ofrecer un buen núcleo para la formación de hielo, sólo tener un pequeño número de estos microorganismos alrededor podría facilitar la formación de hielo en estas altitudes y atraer la humedad circundante", explicó Nenes.
   Los microorganismos probablemente llegar a la troposfera por los mismos procesos que el polvo de lanzamiento y la sal del mar hacia el cielo. "Cuando la espuma del mar se genera, puede llevar bacterias porque hay una gran cantidad de bacterias y materia orgánica en la superficie del océano", señaló Nenes.
   Para el futuro, los investigadores intentarán saber si ciertos tipos de bacterias son más adecuadas que otras para sobrevivir a estas alturas. Los científicos también querrían entender el papel que juegan los microorganismos y determinar si están o no ejerciendo funciones metabólicas en la troposfera.