Planta un árbol

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sábado, 4 de mayo de 2013

EE UU pone en duda la conclusión de la UE sobre el declive de abejas

  El Comité sobre el Despoblamiento de las Colmenas apunta a la mala nutrición, virus y parásitos y señala a que hay pesticidas mucho más nocivos que los tres prohibidos en Europa
Protesta en Londres contra el uso de insecticidas que dañan a las abejas. / CARL COURT (AFP)
 
Los tres insecticidas de la familia de los neonicotinoides que han sido prohibidos por la Comisión Europea podían no ser la causa principal –y desde luego no la única- de lo que los expertos han llamado despoblamiento de las colmenas, el hecho de que la población de abejas esté en retroceso en los países desarrollados. El asunto ha sido debatido también en EE UU, donde hay incluso un comité específico para el tema (CCD por sus siglas en inglés), y la conclusión es mucho menos tajante que la adaptada por la UE.
El trabajo apunta a una serie de causas que van desde la aparición de parásitos específicos como el Varroa destructor (uno de los primeros acusados), los virus asociados a este, bacterias como la causante del loque europeo, y también a la malnutrición, debida a cambios en la época de floración de plantas como el almendro. También se señala a factores genéticos, como la poca variablidad que hace que no haya animales resistentes adaptados a condiciones adversas.
Esto no quiere decir que no haya un apartado destinado a los insecticidas, que son una “preocupación primordial”, según el informe elaborado por el organismo. “La exposición de los polinizadores a los pesticidas continua siendo un área de preocupación e investigación, especialmente los sistémicos como los neonicotinoides”. Pero hecha esta apreciación, añade que, por ejemplo, “cuando se observa el efecto de los pesticidas desde un punto de vista agregado, la frecuencia y la cantidad de los residuos de los piretroides [otra familia de insecticidas sintéticos] junto con su toxicidad puede suponer un riesgo tres veces mayor para las colmenas que los neonicotinoides”.
De hecho, como recoge la web Science Media Center, ni siquiera los expertos –en este caso británicos; no hay algo similar en castellano- se ponen de acuerdo con el efecto que puede tener la moratoria de dos años decretada en Europa. Los comentarios van desde los que opinan que es poco tiempo para que se note el efecto hasta quienes la aplauden como un simple resultado del principio de precaución o quienes temen que el efecto de no usar pesticidas suponga una pérdida de cosechas aún mayor que la producida por el declive de las abejas.
La conclusión en Estados Unidos es, por tanto, más prudente (y menos vistosa desde un punto de vista de la comunicación o de los grupos ecologistas): hay que seguir investigando hasta saber qué peso tiene cada uno de los factores que influyen.

viernes, 1 de marzo de 2013

La polinización peligra por el declive de las abejas silvestres

La mala salud de las colmenas no es el problema: los polinizadores salvajes hacen el trabajo y las pasan aún peor

Invertir en estudiar el despoblamiento de las colmenas puede no se rentable.
 
El despoblamiento de las colmenas, una enfermedad que elimina a la mayor parte de una colonia de abejas, lleva una década angustiando a los apicultores de toda Europa y la mitad de Estados Unidos, y no han sido pocas las investigaciones sobre los parásitos, virus, bacterias y condiciones ambientales que lastiman a estos insectos domésticos. Los últimos datos, sin embargo, indican que esos trabajos han errado el tiro. No porque estén mal hechos, sino porque el problema realmente grave está en otro sitio: en los insectos polinizadores silvestres, que son los responsables de gestionar de la mayor parte de los cultivos esenciales para la alimentación mundial. Y que lo están pasando todavía peor que sus camaradas domesticadas.
Un consorcio internacional coordinado por Lucas Garibaldi, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en San Carlos de Bariloche, Argentina, ha revelado en una investigación masiva sobre 41 de las principales plantas de cultivo en los cinco continentes que no son las abejas de colmena, sino los insectos silvestres –muchos de ellos también abejas— los que polinizan esos cultivos con mayor eficacia.
El trabajo de los polinizadores silvestres produce el doble de fruta (o frutos, más en general) que el de sus colegas asalariadas. Esta es la mejor forma de medir el rendimiento de estos insectos: el fruto es el resultado directo de la polinización de una flor; y las semillas son el indirecto.
La principal conclusión del macroestudio es que, pese a que las colmenas de los apicultores pueden ayudar en la tarea de polinizar los cultivos, curarlas de sus enfermedades puede ser un empeño demasiado costoso. Aunque tuviera un éxito del 100% --y en la actualidad nos aproximamos más al otro extremo de la escala—, la apicultura no podrá nunca cubrir la baja de los polinizadores de campo abierto, si esta llegara a producirse. Y lo peor es que ya da signos.
“La supervivencia humana depende de muchos procesos naturales, o servicios de los ecosistemas, que no suelen contabilizarse en los estudios de mercado”, escriben Garibaldi y sus colegas en Science. “La degradación global de esos ‘servicios’ empobrece la capacidad de la agricultura para satisfacer la demanda de una población humana cada vez más numerosa y con más recursos”. La polinización por los insectos silvestres es un paradigma entre esos servicios ecosistémicos, y uno de los más vulnerables, según los científicos del consorcio. No solo la abundancia, sino también la diversidad de estos trabajadores ‘espontáneos’, está declinando en todos tipo de campos de cultivo.
Otra investigación de Laura Burkle y sus colegas de las universidades de Washington, Montana e Illinois, también presentado hoy en Science, muestra un buen ejemplo de los procesos implicados en ese empobrecimiento general. Los investigadores han aprovechado los registros históricos sobre interacciones planta-polinizador particularmente detallados del estado de Illinois, que se remontan a finales del siglo XIX. Y muestran que el ‘servicio’ de polinización silvestre no ha hecho más que declinar desde entonces, tanto en cantidad como en calidad.
La principal razón de esta pérdida, concluyen los autores, es la desaparición, o erradicación, de la mitad de las especies de abejas silvestres que campaban por la zona en el siglo XIX, y tal vez desde hace 10.000 años. Otro factor es el cambio climático, que ha desfasado la temporada de floración con las fechas de máxima actividad de las abejas. Pero este es justo uno de los inconvenientes que podrían evitarse si las especies de abejas fueran más diversas. La variedad garantiza que haya al menos una especie para cada temporada. O para cada nuevo imprevisto causado por la inventiva humana.